12 ene. 2018

Després de la fi del món

«Després de la fi del món» és una que es pot veure al CCCB des del 25 d'octubre de 2017 fins al 29 d'abril de 2018. Mostra la transformació de la Terra en el planeta Antropocè.
A través de vuit instal·lacions, artistes, filòsofs, arquitectes i científics ens expliquen històries i estratègies per a sobreviure en el món que ha de venir.
Ahir dimecres 10 de gener, el seu comissari, el periodista José Luis de Vicente, ens va parlar com una exposició serveix per a generar debat social.

José Luis, como comisario de la exposición, qué nos cuentas de ella?
En el CCCB llevamos tres años trabajando en «Després de la fi del món», una exposición que se engloba en un ciclo con otras anteriores, como «+Humans» y «Big Bang Data». Nos enfrentamos a hablar de ciencia, sin ser un museo de ciencia como CosmoCaixa o el Museu de la Ciència y de la Tècnica, en Terrassa. Y sin ser tampoco un museo temático, como el MACBA.

Proponemos un espacio para hablar de crisis contemporáneas sin resolver y que nos pueden explotar en la cara. Y las abordamos desde diversos frentes, en la intersección entre aspectos científicos, tecnológicos y sociales. Y intentamos proyectar cómo va a evolucionar.

En «+Humans», la intersección entre la máquina y el hombre, buscábamos encontrar qué es lo esencialmente humano. En «Després de la fi del món» buscamos especialmente enfatizar los límites borrosos entre la naturaleza y la cultura.

Cambio de era
En la comunidad científica hay consenso en que estamos en un cambio de era geológica, y es el punto de partida de la exposición. Hemos dejado el Holoceno, que empezó al terminar la última glaciación, y hemos entrado en el Antropoceno, era geológica propuesta por una parte de la comunidad científica.

Desde hace doce mil años, cuando empezó el Holoceno, y especialmente desde el advenimiento de la agricultura, la ganadería y la explotación de recursos mineros, los humanos transformaron su entorno a un determinado ritmo y en distintos lugares. Pero, el planeta actual es muy distinto al que vio nacer a nuestros abuelos.

Cuándo se considera que empezó el Antropoceno? El grupo de trabajo que defiende esta consideración propone 1945, por la explosión de la primera bomba atómica, porque se trata de una acción humana que ha dejado huella geológica.

Otras huellas humanas en geología también son las lengüetas de la cocacola (y las latas), ubicuas y de un período de tiempo bien determinado; y los huesos de pollo, ya que su consumo ha aumentado a nivel global.

En cualquier caso, somos una generación especial, ya que hemos vivido entre dos eras geológicas!
Demografía
En primer lugar, cabe pensar en el número de personas. Algunos valores tasan el número de humanos en la Tierra en el Holoceno inicial en un millón de habitantes.

Desde 1950, cuando había más de 2,6 millones de habitantes, la población del planeta se ha triplicado. A finales de 2017 éramos más de 7,7 millones de habitantes. Algunas estimas calculan que en 2050 se pueda llegar a más de once mil millones de habitantes y en 2100 a más de quince mil.

El acuerdo de París
En otoño de 2015 tuvo lugar en París la Cumbre sobre el Cambio Climático. El acuerdo a que se llegó no fue uno más, sino un proyecto mucho más ambicioso.

La importancia del acuerdo de París reside en el consenso para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento global por debajo de los 2ºC, respecto a la temperatura anterior a la era industrial. Y se debería recuperar la concentración de CO2 atmosférico, que en la era preindustrial era de 280 ppm y ahora es de 400 ppm.

La temperatura establecida es la máxima, según el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU), para evitar que haya catástrofes climáticas graves.

En enero de 2018 han ratificado el acuerdo de París todos los países del mundo, salvo dos: Siria y Nicaragua. Es cierto que en noviembre de 2016, cuando fue elegido presidente, Trump dijo que tenía la intención de retirar a Estados Unidos, pero no es tan fácil. De ser así, por cuestiones legales, saldría un día antes de las próximas elecciones presidenciales, de modo que podría deshacerse la retirada. Y, ciudades y estados del país ratifican el tratado por separado.

El acuerdo dará inicio en 2020, cuando finaliza el Protocolo de Kyoto, y obliga a que en las emisiones se reduzcan entre un 40 y un 70% en 2050, y que alcancen un nivel cero, en 2100.

El fin de la era del petróleo

Se ha consensuado, pues, que la era del petróleo y otros combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), ha terminado; que los yacimientos que sigan en el subsuelo no serán extraídos. Si se siguiera con la extracción y el consumo del petróleo que se estima que hay en los yacimientos, la temperatura del planeta subiría entre 7 y 9ºC de media.

Pero para conseguir el propósito, se necesitan más acciones para que absorban el CO2. Básicamente se trata de re-forestar y crear sumideros de carbono atmosférico, siempre y cuando el gasto energético del secuestro no comporte una emisión mayor que el gas que captura.

Qué puede pasar si no conseguimos mantener la temperatura de la Tierra solamente 2ºC por encima de la previa a la Revolución Industrial?

Sin querer ser apocalíptico, no parece que vaya a pasar nada bueno. Podría haber eventos climáticos extremos con aumento de sequías, incendios, huracanes y tormentas tropicales. De hecho, ACNUR tiene un departamento para estudiar los refugiados por cambio climático.

Para los científicos es difícil establecer una causalidad entre un acontecimiento y el cambio climático. Pero hablan de tendencias. Y parece que la tendencia lleva a un aumento de estos eventos, aunque no se comprenda todo lo que está pasando.

Otra forma de pensar
Por qué a veces no se quiere creer? Se acusa a la prensa de amarillismo, a veces, sin necesidad de pertenecer a corporaciones que defiendan la extracción de petróleo. La falta de aceptación se atribuye a la diferencia de escala en el tiempo del planeta, de la biosfera en que se miden este tipo de proceso.

En otros casos, hay una cierta reticencia a cambiar de forma de vida, especialmente porque se considera que las acciones individuales van a tener muy poco o nulo efecto en la situación global. Pero hay que pensar que hemos llegado a esta situación por el efecto sumatorio de pequeñas acciones; así pues, las pequeñas acciones pueden dar resultados notorios.

Por qué? Cabría pensar que los humanos no somos la especie para la cual se ha creado el planeta. Ni que quienes vivimos en 2017 somos más importantes que los que han de vivir en 2100, que tendrán que vivir con las externalidades generadas por nosotros.

El acuerdo de París es, pues, un contrato intergeneracional. Y no generaciones que están por venir; muchos de los que vivirán en 2100, según la esperanza de vida actual, ya han nacido, les podemos mirar a la cara.

Los expertos buscan una forma de pensar fuera del antropocentrismo. Quizá cabría promover la conservación de la biosfera no de una forma voluntarista ni cortoplacista; sino, por ejemplo, dotando de derechos a otras formas de vida, de forma similar a declaración de los derechos humanos.

Otra forma de vivir
Hay que buscar nuevas fuentes energéticas. Una alternativa es la energía nuclear, solamente que trae otros conflictos. Otra, son las fuentes de energías renovables más eficientes y más baratas; pero no son suficientes.

Hemos de revisar cómo comemos, cómo nos movemos, cómo son nuestras ciudades, qué políticas demográficas hay que seguir... En cualquier caso, podemos aventurar que el mundo de 2100 será muy distinto al que conocemos.

También era distinto el mundo en que vivían nuestros abuelos. Nunca hemos vivido así; ni por costumbres, ni por entorno. La atmósfera actual es diferente de la de hace 250 años. Y las costumbres cambian.

La forma que teníamos de dormir no era la que tenemos ahora. Antes de la generalización de la luz eléctrica no se dormían ocho horas seguidas: se dormía en dos intervalos de cuatro horas, más o menos, separados por una hora o dos de vigilia.

Puede haber políticas que promuevan un tipo de vida en el que se consuma menos petróleo, menos carne, mayor control demográfico... en definitiva, una forma de vida que preserve el planeta. Pero, cómo, si no hay un organismo supranatural que sea de obligado cumplimiento?

La opinión pública ya está cambiando. De las costumbres actuales que nos parecen aceptables, cuáles no nos lo parecerán en un cierto tiempo? La esclavitud nos parece abominable. Incluso algo tan aparentemente fútil como fumar en locales cerrados, ahora nos parece claramente rechazable. Cambiar es posible.

Según Sir Antony Atkinson, para los problemas globales necesitamos soluciones globales.

«Després de la fi del món» empieza con una frase de McKenzie Wark: «Esta civilización ha terminado y todo el mundo lo sabe».

Más información
Monastersky, Richard: «Anthropocene: The human age». Nature Vol 519 (7542), 11/03/2015.

Imágenes: wikimedia commons

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