18 feb. 2016

¿A qué nos referimos cuando hablamos de escepticemia?

Ayer miércoles diecisiete de febrero, vino Gonzalo Casino, periodista científico, director de Escepticemia, para contarnos justamente a qué nos referimos cuando hablamos de escepticemia. Vino cargado con veinte volúmenes de su libro Escepticemia, editado por la Fundación Dr. Antonio Esteve (al que se puede acceder en formato pdf y del que se pueden solicitar copias).

[La imagen adyacente está en la portada del libro Escepticemia y su autoría también debe ser atribuida a Gonzalo Casino.]

¿Qué significa escepticemia?
Escepticemia significa “escepticismo en la sangre” (de “escepticismo” y “emia” o “hemia"=sangre; igual que glucemia significa “glucosa en la sangre” o colesterolemia significa “colesterol en la sangre”).


Fue usado por primera vez en 1989 por Pert Skrabanek y James McCormick. Skrabanek, editorialista de la revista The Lancet, se unió a una corriente de pensamiento, la escepticemia, favorable a aplicar el escepticismo científico en la sanidad, porque las decisiones en Medicina afectan directamente a la salud de la población y a la integridad de las personas.

La escepticemia parte de la base de que la Medicina y los médicos se sustenten en dos pilares fundamentales: el método científico como única fuente fiable para adquirir nuevos cocimientos sanitarios, y para revaluar los admitidos hasta ahora; y de que la ética médica determine los principios morales que guían la conducta del médica.

Gonzalo, empezó el blog Escepticemia antes de la existencia de blogs. La redacción de columnas de opinión empezó el 19 de febrero de 1999, y se publicaron semanalmente durante más de once años en el portal de Ediciones Doyma (actualmente, Elsevier) y más tarde en Jano, tanto en su edición digital como en la impresa. Escepticemia ahora es el blog personal de Gonzalo. Durante ésa época, desde 1999 hasta 2009, Gonzalo fue también coordinador de las páginas de salud en El País.

El lema «La medicina vista desde internet y pasada por el saludable filtro del escepticismo», que permaneció invariable durante todo este tiempo, apuntaba claramente un doble propósito: escudriñar a través de la ventana de internet (una ventana que por aquella época inicial no era el ventanal que es hoy) y hacerlo con una mirada escéptica, una mirada cuyo desarrollo exige dedicación y aprendizaje. Y es que en medicina, como en el arte o en la vida, solo vemos lo que conocemos: ver es reconocer.

La labor del periodista médico
Durante los últimos treinta y cinco años, el periodismo médico despuntó en España, inspirándose en la forma de hacerlo de los periodistas anglosajones. Y fue creciendo hasta la época de gloria de los noventa y los primeros dos mil. Pero hace siete u ocho años, el periodismo médico y el científico en la prensa española han disminuido en número y han perdido la calidad anterior.

La crisis general y la de la prensa en particular, en una especie de círculo vicioso, han hecho que los periodistas especializados, que cumplían con su profesión de forma concienzuda, hayan sido desplazados de los medios más generales. Y que la información científica se reduzca a la reproducción acrítica de notas de prensa elaboradas por agencias, revistas científicas o departamentos de prensa de instituciones.

Esta información, la mayor parte de las veces, es interesada; bien sea por una firma comercial o por intereses profesionales. Se trata de comunicación científica, pero no de periodismo. El periodista piensa en el lector. Busca, con su trabajo, revelar lo que se esconde tras la información. El periodismo, en realidad, adelgaza con este material reciclado.

Hay que tener en cuenta, por demás, de que el periodista médico ejerce un periodismo de acatamiento. Se forma, se informa, pero dada la superespecialización de la materia, llega un momento en que ha de confiar en su fuente, algo que no es necesario en el periodismo económico, deportivo o jurídico, en que la comprensión del tema es menos complejo. De manera que la experiencia, en este campo, tiene un valor añadido superior que en los otros campos.

Las fuentes
Muchas son las fuentes en que encontrar novedades, pero para la información médica o científica, hay que buscar la información contrastada. En concreto, y de forma mayoritaria, la que publican las revistas biomédicas que someten sus artículos a revisión por pares. Así hay garantía de que la información está contrastada.

Cuando las revistas científicas han establecido qué va a salir publicado en el número siguiente, periodistas de las revistas preparan notas de prensa exclusivas para periodistas de otros medios; así les dan tiempo a elaborar un artículo sobre las novedades publicadas, y que salga publicado el mismo día en que es publicado el artículo original en la revista científica.

Estas notas de prensa sobre noticias inéditas, y a las que los periodistas de otros medios tienen acceso, están sometidas a una política de embargo. Es decir, los periodistas reciben esta información anticipada bajo el compromiso de no publicar la información antes de la fecha indicada por la revista que les ofrece la información. Si no cumplen el embargo estarán penalizados sin recibir más estas noticias anticipadas.

La información científica se localiza a partir de las mismas revistas o bien a partir de repositorios de artículos. Los más conocidos son alphagalileo, europeo, o eurekalert, estadounidense. Las revistas publican en ellos también las noticias embargadas, a las que solamente tienen acceso periodistas acreditados. Una vez superada la fecha del embargo, se puede acceder libremente a todos ellos.

Seleccionar la noticia
Cada año se publican unos diez millones de artículos de calidad y cada revista intenta que se publiquen los artículos de su cabecera. Frente a esta avalancha, ¿qué publicar? ¿Cómo evitar que las revistas sean una extensión del brazo de márqueting de las compañías farmacéuticas? Como decía Richard Smith, ex director de la revista British Medical Journal. Es difícil, porque la presión puede ser muy sutil. A pesar de que hay muchas cribas, ninguna funciona bien. De nuevo hay que confiar en la experiencia el periodista.

Otra presión de selección es la tendencia al amarillismo. Tanto el mercado tanto periodístico como el general presionan hacia la exageración. Aquí volvemos a someternos al buen (o mal) juicio del periodista; que, confiemos, sabrá cribar la información a veces envenenada que le llega referente a los riesgos y beneficios de las intervenciones médicas.

Una de las falacias más comunes es creer sin estremecerse los datos relativos que dan algunas informaciones. Por ejemplo, cuando una nota de prensa dice que un medicamento o un producto, reduce o aumenta en un 50% la posibilidad de curar o padecer un cáncer, hay que buscar las cifras absolutas. ¿De cuántas personas hablamos? Quizá de muy pocas.

Si el riesgo absoluto de padecer es de 1:10.000 personas, el beneficio posible del 50% desenfoca la situación, estamos hablando de muy pocas personas. No se trata ya de una gran mejora como a veces se quiere vender. En estos casos se generan falsas expectativas, una práctica muy poco humanitaria para los enfermos y sus familias.

Y, por supuesto, también hay que tener en cuenta de dónde procede la información, si se trata de un estudio preliminar explicado en un congreso; de un experimento en animales o si es un estudio clínico en personas. Siempre teniendo en cuenta los intereses profesionales o económicos que puede haber detrás. Para establecer criterios de selección, un buen filtro es la Colaboración Cochrane.

Y. con el fin de evitar la jerga médica y facilitar la comprensión de las noticias biomédicas por no expertos, se inició hace tiempo una campaña que edita una versión para legos de los resúmenes de las revistas de ciencia: Plain Language Summaries.

El artículo
Una vez decidido el tema de qué se va a hablar, se elabora el artículo. El periodista escribe teniendo en cuenta que el lector quizá no llegue hasta el final y, cuando escribe en papel, debe de tener en cuenta que la parte final del artículo podía ser recortada si no cupiera en la maqueta final. Esta forma de escribir se denomina de triángulo invertido, porque contiene la información más relevante en el inicio del texto: en el primer párrafo está la información básica.

Ha de tener en cuenta también la redacción. Además de ser clara, en un periódico los artículos no se escriben con frases en condicional "podría ser", "parece que la conclusión...". En los periódicos, las noticias han de estar escritas en positivo, algo que los científicos detestan. El compromiso entre el texto científico y el divulgativo apelan de nuevo a la experiencia profesional del periodista.

Además, las noticias han de estar completas y contextualizadas para que no sucedan efectos contrarios a los esperados, como sucedió este verano pasado con la noticia de la carnes rojas y las procesadas como cancerígena, según estudios de la OMS, como el tabaco.

Veamos, la OMS clasifica a los productos en cancerígenos, probablemente cancerígenos, posiblemente cancerígenos y posiblemente no cancerígenos. Y, los estudios de la OMS establecieron que un consumo excesivo de carnes rojas y procesados cárnicos están asociadas con determinados tipos de cáncer. Como el tabaco. La diferencia está en la dosis: es cuantitativa, no cualitativa.

El problema se originó al publicarse la primera noticia en la revista Lancet. No se publicó el informe técnico, de modo que la información fue incompleta y se generaron mensajes mal interpretados. Este caso puso en evidencia que la buena comunicación científica ha de contextualizar según las lecturas del entorno que haga un buen profesional.

Otro tema son los titulares. El periodista, por su parte, redacta uno. Pero ateniéndose al lema de que "un buen titular es la mitad de la noticia" -y es cierto, porque si no lo es el lector no detendrá la vista- el titular propuesto puede ser cambiado. El titular con que saldrá publicado un artículo es lo que menos se puede achacar a un periodista, ya que suele venir establecido por el editor en jefe o por la persona de la redacción responsable de titular, que será la que decida el que le parezca más conveniente.

El lector
El lector es el sujeto que cierra el ciclo informativo. Y, el lector de noticias biomédicas ha de aprender a discriminar la información del ruido. Ciertamente, la información médica es compleja, pero el lector, en algunas ocasiones es mucho más crédulo que cuando ha de comprar un coche, por ejemplo, que se informa para devenir un consumidor exigente. ¿Qué prevenciones debe de tener un lector frente a una noticia médica?

El lector debe, pues, desarrollar unos mecanismos que le ofrezcan garantías de calidad. Por ejemplo, considerar la fuente: ¿quién lo cuenta? ¿Son de fiar? Cuántas fuentes: ¿cuántos lo cuentan? Buscar personas de confianza: ¿quién firma el artículo? El lector se ha de educar para tener un pensamiento crítico.

Por toda esta experiencia acumulada del profesional experto, Gonzalo tampoco recomienda el periodismo ciudadano en el caso de las noticias de biomedicina. Así pues, desaconseja considerar webs como The Conversation como referente biomédico.

La nota personal
Gonzalo estudió medicina después de iniciar psicología e ingeniería de caminos. La medicina le gustó porque es una disciplina central entre muchas otras, tanto científicas como humanistas. Nada le es ajeno. Como cuando estudiaba la carrera trabajaba en un periódico haciendo reseñas de libros y más tarde como editor en una revista cultural, el camino le vino marcado.

Más información
Gonzalo Casino, Antonio Calvo Roy i Santiago Graiño Knobel (2015): Monográfico: Periodismo científico y biosanitario. Panace@. Revista de Medicina, Lenguaje y Traducción: Vol. XVI, n.º 42.

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